Cuenta la historia de Camino (Alexia), una niña educada en una familia pertenenciente al Opus Dei que sufre un tumor cancerígeno en la vértebra y que se ve obligada a enfrentarse de forma repentina y simultánea a dos hechos nuevos en su vida: la cercanía de la muerte y el descubrimiento del amor.
Su historia está inspirada en un hecho real, la vida de Alexia González-Barros, una joven de 14 años fallecida en 1985 por una enfermedad terminal en olor de santidad, y que se encuentra hoy en proceso de beatificación.
Independientemente de las críticas que han surgido con las numerosas discrepancias con la familia de Alexia, ya que denunció como falsas algunas escenas de la cinta, y del propio Opus Dei, que acusó a Fesser de haber hecho con su película una "radiografía falsa y manipulada", debemos de ver esta película con los ojos de un cristiano que vive inmerso en una burbuja de muchas frivolidades que hacen que Dios haya ocupado un segundo plano en nuestras vidas.
Su historia está inspirada en un hecho real, la vida de Alexia González-Barros, una joven de 14 años fallecida en 1985 por una enfermedad terminal en olor de santidad, y que se encuentra hoy en proceso de beatificación.
Independientemente de las críticas que han surgido con las numerosas discrepancias con la familia de Alexia, ya que denunció como falsas algunas escenas de la cinta, y del propio Opus Dei, que acusó a Fesser de haber hecho con su película una "radiografía falsa y manipulada", debemos de ver esta película con los ojos de un cristiano que vive inmerso en una burbuja de muchas frivolidades que hacen que Dios haya ocupado un segundo plano en nuestras vidas.
Sin ánimo de animar a la crítica me gustaría que la gente la viera para reflexionar sobre qué privilegiados somos de lo que somos, dónde estamos y en qué lugar ponemos a Dios en nuestras vidas. Como véis, ser santo hoy es cuestión de querer serlo, y nada más.
