jueves, 16 de abril de 2009

Oración de la Comunidad

Caminemos juntos hacia el Reino. Oración de la comunidad

Te damos gracias, Padre,
por habernos reunido en esta comunidad.
Gracias porque estamos unidos a tu nombre,
buscando cómo vivir, con fidelidad, el Evangelio.

Danos, Señor, la fuerza para la marcha,
ayudanos a superar las dificultades,
que los tropiezos y las vacilaciones
no detengan nuestra caminar.
Que no perdamos el rumbo,
que nuestra dirección sea hacia el Reino,
que el viento nos empuje.
Sea el aliento de tu Espíritu,
presente y vivo entre nosotros.
Enseñanos a discernir, necesitamos ver claro,
las cosas que pasan alrededor.
Lo que sucede en nuestro país y en el mundo.
Danos sabiduría para interpretar los cambios
que estamos viviendo,
para aprender a estar a tu lado.
Hace que nos mantengamos unidos,
que crezca el compromiso de unión fraterna,
la solidaridad activa, la oración en común,
los valores del Reino.
Queremos seguirte, Jesús,
en comunidad, tras de tí por dónde nos muestres
que estás presente en la actualidad.
Abrí nuestros corazones a tu Palabra en la Biblia.
Que la tengamos presente, que la leamos a diario,
que nos dejemos iluminar por ella, que permitamos
que empape nuestras vidas.
Señor, que la pongamos en práctica, viviendo todo
lo que aprendemos de ella.

Fortalece nuestra oración, que sea profundo encuentro contigo.
Que escuchemos tu voz que nos habla y nos invita al cambio
y al seguimiento.

Alienta a nuestros animadores, dales el empuje que necesitan
para seguir alentándonos a todos, entendiendo los problemas comunes,
rezando por nuestra marcha, preocupados por nuestro camino y nuestra fidelidad.

Por los que sienten desánimo y desaliento, ayudanos, Señor,
a contagiar esperanza fuerte y ganas de seguir adelante.
Enseñamos a ser testigos de tu Palabra
en el mundo que nos toca vivir.
Que no escapemos a los conflictos y desafíos de la realidad.
que aprendamos a ser sal y luz para los que nos rodean.
Padre Bueno, acompañanos, camina a nuestro lado,
no nos dejes solos, te necesitamos, ven con nosotros.
Te pedimos por los que formamos esta comunidad,
por los que ya no están y por los que van a venir.
Revestinos del hombre nuevo para que podamos
construir una sociedad nueva y ser un signo viviente
de tu presencia en el mundo.
Por nuestra comunidad, Señor,
para que sigamos caminando con alegría, entrega, y testimonio,
construyendo con nuestras vidas un modelo de fraternidad nuevo,
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Fuente: Buenas Nuevas. Marcelo A. Murúa

miércoles, 15 de abril de 2009

Los discípulos del Camino de Emaús

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?» El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron». El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Lucas 24, 13-35

martes, 14 de abril de 2009

Austeridad y Penitencia

De pequeño, nunca me gustaron las espinacas. No se me borra el recuerdo angustiante de ver llegar a mi madre con aquellas hierbas verdes y marchitas y exclamar con júbilo: ¡para que seas fuerte como Popeye!
Años después me sirvieron una especie de ensalada de "hierba" que llevaba pistachos, pasas, aceite, algo de sal y manzana picada: "¡Qué delicia de ensalada! - ¿Qué es esta hierba verde?; ¡Espinacas!".
Esto me hizo reflexionar en que las cosas pueden cambiar de apariencia dependiendo de cómo se presenten. Para los cristianos este tiempo de Pascua tiene muchos significados, significados de conversión y resurrección después de una Cuaresma no "muy agradable" desde el punto de vista humano, pero sí muy provechosa para el alma que quiere acercarse más a Cristo.
Continuando sobre mi vivencia penitencial y la reflexión del camino, estuve examinadome acerca de dos temas que generalmente provocan controversia, pero en otros momentos pueden ser tomado con simpático o con admiración. Y sin querer trasmitir ninguno de estas sensaciones me dispongo a evidenciar lo meditado.
El primero de esos dos temas es la austeridad. Austeridad es vivir con sencillez y sobriedad la vida diaria. No se trata de una austeridad vivida en la tristeza, sino una austeridad vivida por amor y caridad con el prójimo. Cuando se vive por amor se es feliz, porque la austeridad nos lleva a desprendernos de nosotros mismos para entregarnos a los demás desde la caridad bien entendida, no desde la limosna que nos sobra. La austeridad fue una constante en la vida de Cristo. Cristo no contó con medios sofisticados para proclamar su mensaje, sin embargo sus palabras han llegado a millones de corazones a través de los siglos. Yo, desde este blog solo he podido llegar a 10.000 lectores en dos años... Los hombres de hoy también podemos asemejarnos a Cristo a través de la austeridad. No se trata de no tener almohadas en donde reclinar la cabeza. Se trata de vivir con normalidad el día a día. Pero lo más importante es hacer todo esto con convicción y por amor a Aquél que nos lo enseñó.
El segundo tema es la penitencia. La penitencia se puede interpretar de muchas maneras y ninguna se excluye en la Cuaresma ni en la Pascua. La penitencia no sólo como sacramento y acción por la cual confesamos nuestros pecados al sacerdote. También nos referimos a la penitencia como la tarea o el propósito de reparar nuestras faltas, y puede ser espiritual o física. Podríamos caer en el engaño de pensar en la penitencia como algo imposible. Pero hay que recordar que si no se hace por amor, si no se hace con un sentido de reparación, ¡mejor ni intentarlo!
En la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles de ceniza de 2009, remarcaba la importancia de vivir la Cuaresma practicando estas dos virtudes. Decía el Papa: “La Cuaresma, que se caracteriza por una escucha más frecuente de esta Palabra, por una oración más intensa, por un estilo de vida austero y penitencial, ha de ser estímulo a la conversión y al amor sincero a los hermanos, especialmente a los más pobres y necesitados”.


Vale la pena recordar que unas espinacas bien servidas y preparadas pueden cambiar el día. La austeridad y penitencia, bien vividas y entendidas, pueden cambiar la vida. No dudemos, por tanto, en Resucitar con Cristo desde pequeños actos de austeridad y penitencia, que seguro aliviarán nuestros sufrimientos más humanos y fortalecerá nuestra alma más cristiana.
Y así, después de una Cuaresma intensa y bien vivida, podamos exclamar con júbilo, ¡qué delicia! ¡Cristo ha resucitado y ha cambiado mi vida!

domingo, 12 de abril de 2009

Feliz Pascua de Resurrección

Con el gozo y la fuerza que nos trasmite el Señor de la Vida,
vencedor de toda clase de muerte, te deseo una FELIZ PASCUA de
RESURRECCIÓN

martes, 7 de abril de 2009

Ser fecundos del Amor del Padre

Ayer lunes santo viví mi primera estación de penitencia como hermano de Vera Cruz. El recorrido, al igual que el tiempo de cuaresma, lo he vivido (todavía en presente) de una forma especial. Con la invitación penitencial de cargar con la cruz me invitaba a reflexionar sobre mi vida. Con la exigencia de adentarme en mí y ponerme a andar el camino de hermandad, el camino de mi vida. Ver mi camino en paralelo al camino de otros hermanos y hermanas que a mi lado, con defectos, debilidades, necesidades... también intentan vivir la plenitud de su existencia con la gracia de Dios. Y esta fue la primera parte del camino: ¿Cómo vivo cada minuto mi existencia desde la fecundidad espiritual? ¿Cómo se muestra la acción de Dios en nosotros?
La verdad es que no encontré respuesta. Y si me arriesgase a dar alguna, sé que es Dios quien realiza en nosotros el camino de transformación y de crecimiento; es Dios quien hace eficaz en nosotros la gracia. Ahora bien, si yo no me dejo empapar es difícil ser fermento fecundo de su amor de Padre y Madre. Tenemos que dejar de creer que simplemente con fiarnos desde la pasividad Dios va a hacer fecunda nuestra vida. Y no es así. Somos nosotros quienes debemos de ser receptores como la semilla se clava en la tierra y se deja enterrar, mojar por la lluvia e iluminar por el sol.
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