jueves, 12 de enero de 2012

Mi Llamada al Servicio de la Comunidad Eclesial

Esta reflexión me lleva a seguir centrado principalmente en la preocupación de nuestra Iglesia y concretamente de nuestra comunidad. Yo, que desde hace más de 20 años he estado dedicando mi vida a la educación y a la pastoral de jóvenes, no he entendido nunca este ámbito eclesial de otra manera, salvo como el MOVIMIENTO de acompañar a nuestros niños y jóvenes a descubrir, seguir y comprometerse con Cristo Resucitado, para transformarlos en hombres y mujeres que puedan llevar el mensaje del Evangelio a todos los lugares y en cualquier lugar y momento de sus vidas. Por eso, cuando escucho, me comentan y veo que en nuestra Parroquia no se integra la experiencia de vivir la fe al 100% no salgo de mi asombro.

Sé que conocer la realidad y la cultura juvenil y saber hacer de ella una lectura pastoral es complicado y exigente, y evidentemente no es fácil. El esfuerzo por partir de la realidad compromete a forjar y construir una identidad en el siglo XXI, pero no por ello debemos dejar de olvidar quienes somos, a qué estamos llamados y cómo podemos ponernos al servicio de Dios y de la Comunidad eclesial en todos los ambientes de la vida. Una pastoral juvenil que quiera responder realmente a la realidad juvenil, no puede desconocer estas dimensiones.
Como acción de la Iglesia, la pastoral juvenil tiene como agentes a todos los cristianos, no solo a los sacerdotes, catequistas, animadores o seglares comprometidos. Yo, en primera persona, me siento llamado por Dios en la Iglesia para asumir el servicio de motivar, integrar y ayudar a crecer a otros jóvenes en el proceso comunitario y vivencial de la fe, dando testimonio de la convivencia fraterna y la comunicación, alentando el encuentro con Dios y el compromiso solidario con los demás, vinculando a los jóvenes y al grupo con la comunidad, y trabajando en equipo con los otros agentes pastorales y los sacerdotes.
Por ello y por mucho más, pero no quiero extenderme (creo que se entiende), la labor del PASTOR de la Iglesia es fundamentalmente el eje donde puede se vertebran y se encarnan todos los desafíos que el mundo de hoy y de nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) debe RESPONDER CON FIDELIDAD al Ministerio. Y los ojos con los que lo veo son de manera atractiva, motivante y rejuvenecedora ¡OJO!
Pero no puedo olvidar que quien debe ejercer el Ministerio de acompañar, en nombre de la Iglesia, los procesos de educación en la fe de los jóvenes es el párroco, los sacerdotes que lo acompañan, los diáconos y otros consagrados. Si en algunos momentos se ha optado por acompañar los procesos grupales para que sean espacios de crecimiento humano y maduración en la fe (los primeros más y los segundos menos), formando y capacitando a los catequistas para que sean puente entre el mundo adulto y el mundo juvenil, tanto a nivel eclesial como a nivel social. Y no está mal, pero debemos de asegurar en todas nuestras estructuras la FORMACIÓN TEOLÓGICA, la ORACIÓN COMUNITARIA (y personal) y compartir juntos los SACRAMENTOS. Por ello, si en algún caso los sacerdotes no pudieran ejercerlo en primera persona, siempre pueden conferir este servicio a determinadas personas para bien de la comunidad, como ya se hace, y para la mejor realización de la misión en la Comunidad. En este sentido, no es un ministerio exclusivo del sacerdote, sino fundamentalmente, un ministerio laical. Soy un fiel seguidor de que este siglo es de los seglares.
En resumen, una pastoral juvenil con metodología propia: el “ver-juzgar-actuar-revisar-celebrar” permite afirmar que hoy es un estilo de vida y una espiritualidad, que vive y celebra la presencia de Dios en el mundo y en nuestros ambientes, la actitud de conversión continua y el compromiso para el cambio de la realidad.
Ahora bien, si como actualmente, se quiere seguir viviendo con una espiritualidad particular del seguimiento de Jesús, pero que no logra el encuentro entre la fe y la vida, y está centrado más en lo humano que en la formación en la fe, no es lo que estoy buscando y deberé continuar mi reflexión con mi llamada dentro de la Iglesia.

Un programa básico de crecimiento en la fe, a mi modo de ver, viviéndolo desde la espiritualidad (SOMOS DEL ESPÍRITU SANTO) debe contener los siguientes ejes (lo hago a vuela pluma…):
·         Encontrar a Dios en la vida: espiritualidad de lo cotidiano;
·         Vivir como vivió Jesús: espiritualidad del seguimiento de Jesús vivo y presente;
·         Comunión y servicio: espiritualidad de pertenencia a la comunidad eclesial;
·         Alegría  y esperanza: espiritualidad litúrgica y celebrativa (Vivir los tiempos litúrgicos: Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua);
·         Anuncio y compromiso: espiritualidad laical y misionera;
·         Pequeños y excluidos: espiritualidad de la opción por los pobres;
·         Muerte y resurrección: espiritualidad pascual;
·         María, mujer, joven, madre: espiritualidad mariana.
·         Ser cristiano es dar la vida: espiritualidad de la Bienaventuranzas.
·         Nuestro Proyecto de Vida Personal.
 
Un abrazo a todos y que solo el Espíritu Santo siga iluminando nuestras mentes y nuestros corazones para no alejarnos de Él.
 
Paz y Bien.

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